
La Hermana Mónica
Loyarte nació en Godoy Cruz,
Mendoza el 18 de noviembre de 1969. A los 18 años de edad participa de un Encuentro de Eslabones y
ahí su vida adquiere densidad en Dios. El 25 de febrero de 1978 ingresa con las Hermanas Dominicas de Santa Catalina de Siena,
Doc. y
Enf., perteneciendo definitivamente a la familia religiosa el 11 de febrero de 1986. Durante estos años mamó de Domingo de Guzmán y Catalina de Siena,
un profundo amor a la verdad, una gran pasión a la Iglesia, una honda compasión por la humanidad. Aprendió a encarnarlo alegremente en lo cotidiano.
Desde 1984 a 1991, trabajó con ahínco en el Colegio Santa Rosa de Lima de La Consulta (San Carlos). Allí demostró, a través de múltiples tareas, su ardor misionero, su entusiasmo juvenil, su capacidad de comunicación con el otro, comprometiendo lo mejor de sí.
Su tarea no tenía confines. Dictaba clases, daba catequesis, apoyaba a la Comisión de Misiones diocesanas, misionaba en zonas rurales, daba catequesis a los soldados en Campo los Andes.
La madre Pía hace un llamado a la Congregación diciendo que "la
Congregación, deseaba ardientemente ir a predicar entre aquellos que aún no habían sido evangelizados, y de Madre
Gerina que, con una confianza ilimitada en la Providencia, tiene la audacia de enviar a sus hijas al otro lado del Océano, quiere concretar el deseo de abrirse a la misión en tierras de África... donde podremos desarrollar un trabajo de primera evangelización con los padres dominicos. Me dirijo por ello a todas a fin de que alguna hermana reconozca en esta convocatoria una particular llamada misionera y sin tomar consejo de la carne ni de la sangre, responda con generosidad; luego en la oración y a la palabra de Dios, haremos un sano discernimiento para entender cuál es verdaderamente la voluntad de Dios sobre cada una de nosotras."
En 1991 las hermanas la despiden y envían a
Uganda en África. Ella sintió ese llamado de Dios.
En el año 1994, el 25 de febrero, la Hermana Mónica nació al cielo, fue una misionera en tierra
Ugandesa. Murió desangrada en un asalto, cuando conducía una camioneta junto a dos sacerdotes. Iban a buscar a otros religiosos, ella conducía, y se encontraron con 5 o 6 personas fuertemente armadas, aparecieron en la oscuridad. Ya habían disparado a la camioneta y herido a
Hna Mónica en el cuello y hombro. Saquearon el vehículo y escaparon sin antes golpear a los sacerdotes y
otros vehículos. Mientras tanto, Mónica se daba cuenta que estaba desangrándose y fue capaz de hablar y prepararse a una buena muerte. Sufrió mucho pero lo único que repetía era: "SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO". Veinte minutos más tarde apareció un auto que la trasladó al Hospital más cercano, a dos horas de camino, donde fue intervenida en la sala de operaciones, pero media hora mas tarde falleció por pérdida de sangre. Al avisar a su familia, después de
entender lo que había sucedido, ellos deciden dejar el cuerpo en África
dejándola ser semilla de la cual el jardín comience a florecer. Fue enterrada en
Uganda África, y frente a su tumba, cada tarde, las hermanas rezan el Rosario.
Mónica es un ejemplo misionero a seguir, una mendocina en África que enorgullece nuestra comunidad misionera.